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Heterocromía y belleza: genética o enfermedad

Si de curiosidades en el cuerpo humano se trata, la heterocromía tiene un lugar importante. Y es que esta anomalía en el iris del ojo hace que tengamos ojos de diferentes colores. Aunque pudiera parecer lo máximo, heterocromía y belleza no siempre van solas, en algunas ocasiones las acompaña una enfermedad de base.

Qué causa la heterocromía

Según los especialistas en el tema, existen varias causas que pueden provocarla.

Dentro de las más comunes se destaca la genética, que es cuando un niño al nacer se comprueba que presenta esta anomalía. Comúnmente las personas que nacen así no tienen asociada ninguna enfermedad y tampoco la desarrollan durante su vida, lo que permite que se den en él al mismo tiempo esta condición y belleza.

Pero también existen algunas enfermedades que pueden provocar este estado en algún momento de sus vidas, estas son:

  • Enfermedad de von Recklinghausen
  • Síndrome de Horner
  • Enfermedad de Bourneville
  • Síndrome de Parry-Romberg
  • Piebaldismo
  • Enfermedad de Hirschsprung

Otro aspecto que destaca es que no siempre se presenta como la imaginamos o más común es, sino que existen 3 tipos:

  • Heterocromía completa: Se produce cuando un ojo es de cada color. Por ejemplo uno verde y otro marrón.
Heterocromía
Heterocromía completa
  • La heterocromía parcial: Se produce cuando un mismo iris presenta varios colores.
Heterocromía
Heterocromía parcial
  • La heterocromía central: Se produce cuando un mismo iris presenta varios colores dispuestos en círculos concéntricos.
Heterocromía
Heterocromía central

Cómo saber si se padece

Como ya se ha apuntado anteriormente esta condición usualmente es fácil de observar. En niños pequeños se debe esperar hasta después de los 6 meses que es la etapa en que se define el color de los ojos. En las personas adultas ante cualquier afección se recomienda inmediatamente buscar criterio médico para tratar y descartar cualquier enfermedad.

Como curiosidad también es importante destacar que está anomalía no sólo se encuentra en los humanos, sino también en el mundo animal.